
Tú no te has ido, Carilda, poeta eterna,
sólo tus huesos y tu piel ahora descansan.
Tu espíritu inmortal
alumbrará caminos
por los valles y los mares de Matanzas.
Tus fulgores se esparcen por la playa
y tus poemas nos encienden las mañanas.
Mujer de cuerpo y alma enamorada,
princesa de pluma enardecida,
no sólo te llora tu bahía,
tu país entero, tus amigos,
y quienes aprendimos a quererte
y a versar y amar con tu poesía.
© Maite Glaría
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