Hijas, cuando yo muera
dejen mis cenizas en la tierra.
Abonen con ellas un árbol,
un árbol cercano
a donde caminan o corren
en las tardes o mañanas
o por donde pasan en auto
cuando van de paseo o al trabajo.
Siembren mis cenizas en la tierra.
Que mi ser primario
se funda en las raíces
de ese árbol.
De esa manera,
cada vez que vean
florecer al árbol dirán:
ahí está nuestra madre florecida.
©Maite Glaría

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