Dile al mar que me acaricie el rostro,
que arrastre hasta mi soledad la calma.
Soy marisma enredada en cuatro vientos,
universo perdido en tantos otros.
Un arrecife, un manantial violento.
Caracola olvidada, arena y polvo.
Llevo dolor de siglos en mi espalda.
Dile al mar que me devuelva el alma.
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