Herida de ti, me fugo.
Emigro como barco escoriado
a hundir lo que queda sano de mí
quién sabe adónde.
A refugiarme de ti, de tanto hastío,
y que tus labios no alcancen mi mirada.
Herida de ti, me fugo
hasta un silencio repleto
de pájaros mudos
—o creo que son mudos
tal vez porque estoy rota.
Entonces me convierto en caracol,
y me escondo en un lugar oscuro
a ver si encuentro paz
más allá de ti
y de esta herida.
©Maite Glaría

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