Las sombras de la noche la desgarran.
Un frío aterrador cala su anhelo.
Y al final de sus sueños agoniza
el alma atormentada por los celos.
Las sombras de la noche son sus miedos,
el espanto se abraza a su desvelo
y reza en los brazos del milagro
por un amanecer sin desconsuelo.
Trae la luz de la aurora una gaviota,
la perfecta armonía de su gozo
y un divino fulgor traza en el cielo.
Ya no anida el dolor en su memoria.
Han brotado de nuevo las gardenias.
Y revive el Amor su libre vuelo.
© Maite Glaría

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