Es que
la lluvia
y el frío
parecen aliarse
a la nostalgia.
Pero el frío te hiere,
te atrapa,
hiela tus sueños,
los hace extraños
(como si no fueran tuyos),
jodidamente inalcanzables.
Y la lluvia cree
-cándidamente-
que puede
limpiarte de tristezas.
©Maite Glaría

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