Desolado,
el invierno ya se espanta.
Reverdecen los árboles
y él
aún se afianza.
Brotan las flores
y todavía quiere
que sus copos
las vistan de gala.
Se arremolina,
disiente.
Para permanecer
lucha.
No quiere partir.
Y se afinca en los bucles
ateridos
del destino.
Ateridos, sí,
como mi angustia.
Es más débil ahora,
cierto,
pero aún combate.
Maite Glaría

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