Decir adiós es más
que el dolor acumulado de los años.
Es una gaviota perdida en el invierno,
manantial de quimeras,
un engaño,
un llanto.
Decir adiós
es mirarse en un espejo viejo,
vivir espacios inconexos,
roto el raigambre de la tierra.
Agua de río
que va a morir al mar
sin regreso.
©Maite Glaría

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