Solo sobrevive al tiempo
y a la nada
en el espacio de una lágrima
de soledad incalculable.
Allá, en un laberinto vacío,
pleno de aislamiento
y abandono,
solo penumbras
y dolor.
Allí nada trasciende.
Allí nada transmuta.
En la ventisca,
solo hojas que vuelan
sin destino,
sin cordura.
Ahora no hay libre
ni el canto del gallo en la sabana
ni en los patios
de alegría ladra un perro.
Pudiera entonar un juglar
su propia sinfonía
mas nadie escucha
nada.
©Maite Glaría

No hay comentarios:
Publicar un comentario