Leyendo a Benedetti,
poeta grande,
empecé a tejer mis fantasías
con metáforas y madrigales.
Leer sus versos fue como abrir
un baúl de magnífico tesoro.
Y bebí de esa fuente bienhechora,
aprendí a distinguir
lo que era hermoso,
y a entender la melodía
que hay en el alma de unos ojos.
Y seguí sus pasos por la aurora,
y se quedaron sus poemas
para siempre prendidos
en mis pupilas.
©Maite Glaría
Cuba-USA

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