miércoles, 8 de abril de 2020

LA PARED


Hela ahí tan pulcra
Pintura de Belinda Flores
y t
ímida,
tan inocente.
Pero es pura apariencia,
no confío.
Su piel rugosa y fría esconde engaños,
yo sé que sabe de lo que estoy hablando.
La miro y parpadeo
y en el momento que lo hago se desliza,
se acerca a mí como si nada
y todavía pretendiendo no ser algo
se acerca más y me sofoca,
siento que ya no puedo respirar,
no queda oxígeno,
ella lo absorbe todo,
es peligrosa.
Lo he dicho y nadie me lo cree.
Ahora solo hablo conmigo
y ya no digo nada pues quién sabe
si alguien me toma por demente.
Yo sé de más paredes como esta
que esconden secretos tan terribles
de muerte, de dolor, y de arrebatos.
Lo sé porque ella me lo dijo,
ella tiene amigas y se lo cuentan todo,
a veces oigo cómo cuchichean
cuando vienen de visita algunas de ellas,
tan calladas que parecen estar muertas.
Mas todas oyen,
conocen cada rincón de nuestras vidas,
nuestros recuerdos y hasta el alma
de nuestros versos.
Aquí vuelve,
ya se había apartado pero vuelve
¿tal vez me oiría?
Me encojo en el centro de la habitación
porque no puedo pegarme a ella,
me tragaría,
lo sé y no estoy loca.
Cierro los ojos y me digo
que todo esto es pura fantasía.
Está solo en mi cabeza, no es verdad,
las paredes no están vivas.
Pero no sé si las demás estarán muertas,
porque esta y sus amigas sí están vivas.
Sigo encogida y ella se me acerca,
ya no hay espacio adonde escabullirme
al fin me traga,
me adhiere a sus entrañas,
pero no siento dolor,
es muy extraño.
Abro los ojos y me veo afuera
encogida en el centro de una habitación
de un hospital de locos
en una ciudad cualquiera.

©Maite Glaría

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