tan inocente.
Pero
es pura apariencia,
no confío.
Su
piel rugosa y fría esconde engaños,
yo
sé que
sabe de lo que estoy hablando.
La
miro y parpadeo
y
en el momento que lo hago se desliza,
se
acerca a mí como
si nada
y
todavía
pretendiendo no ser algo
se
acerca más
y me sofoca,
siento
que ya no puedo respirar,
no
queda oxígeno,
ella
lo absorbe todo,
es peligrosa.
Lo
he dicho y nadie me lo cree.
Ahora
solo hablo conmigo
y
ya no digo nada pues quién sabe
si
alguien me toma por demente.
Yo sé de más paredes como esta
que
esconden secretos tan terribles
de
muerte, de dolor, y de arrebatos.
Lo
sé porque
ella me lo dijo,
ella
tiene amigas y se lo cuentan todo,
a
veces oigo cómo cuchichean
cuando
vienen de visita algunas de ellas,
tan
calladas que parecen estar muertas.
Mas
todas oyen,
conocen
cada rincón
de nuestras vidas,
nuestros
recuerdos y hasta el alma
de
nuestros versos.
Aquí vuelve,
ya
se había
apartado pero vuelve
¿tal vez me oiría?
Me
encojo en el centro de la habitación
porque
no puedo pegarme a ella,
me tragaría,
lo sé y no estoy loca.
Cierro
los ojos y me digo
que
todo esto es pura fantasía.
Está solo en mi cabeza, no es verdad,
las
paredes no están vivas.
Pero no sé si las demás estarán muertas,
porque
esta y sus amigas sí están vivas.
Sigo
encogida y ella se me acerca,
ya
no hay espacio adonde escabullirme
al fin me traga,
me
adhiere a sus entrañas,
pero no
siento dolor,
es muy extraño.
Abro
los ojos y me veo afuera
encogida
en el centro de una habitación
de
un hospital de locos
en
una ciudad cualquiera.
©Maite Glaría
©Maite Glaría

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