Siempre que llueve
algo en mí
se descompone.
La lluvia desata
las otras yo,
las que se fueron,
las que vivieron vidas
por etapas.
Las amadas,
traicionadas,
desangradas,
en febriles estampidas,
consumidas por el fuego
o por el hielo.
Aclamadas ayer,
hoy sepultadas.
Siempre que llueve
gotean los anhelos
desde tejados
carcomidos
por la muerte
prematura
de los sueños
en las calles, las esquinas.
Tardes bebiendo
en sus brazos
el cáliz de la juventud
perdida.
Siempre que llueve
yo
—un poco—
muero.
©Maite Glaría

No hay comentarios:
Publicar un comentario