por sobre el ego
en batalla campal
de cien relámpagos
cuando ya no había paz
ni en las palabras
ni en los gritos de tanto
desamparo.
Pero triunfó la sencillez
y el ego se tuvo que dar vuelta
hacia otro lado
porque el dolor, la pena
y el quebranto amargo
de los días
no conciben
la tonta estupidez
de creerse tanto.

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