Para mi padre Manuel Glaría,
ese clavel
que sigue guiando mis pasos
y quiero
que me estreches en tus brazos.
Y soy como
si fuera niña
que vuelve
al pasado
para ver tu
risa alegre y tu mirada.
Te extraño,
te extraño,
y todo lo
que fuiste.
Pero me has
dejado
el precioso
regalo de la vida
que me
diste.
Ahora un
lamento leve suplanta al grito.
Y el dolor
ya no es punzante
como el
primer día.
Es un dolor
permanente,
que no se
cura,
que no se
olvida
© Maite Glaría

No hay comentarios:
Publicar un comentario