en la cocina.
Lágrimas y sudor caen
en la olla
junto a los
frijoles tristes
sin aroma.
Los recuerdos se agolpan
en la hornilla,
la llama palpita
desgarrada,
porque su alma
se ha quedado
en la parrilla,
ajena
y solitaria
© Maite Glaría

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