Dicen del gris
de su postrer pecado
De la lágrima
oculta
que se espanta
De la hiedra aferrada
a lo caduco
Del ocaso perdido
en su mirada
Dicen del beso inerte
en la mueca oscura
De la muñeca rota
y de la mariposa falsa
Del absurdo que late
entre sus sábanas
De los sueños secos
en su almohada
Dicen de su pecho
Pero no del grito
ahogado en sus
entrañas
Maite Glaria
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