El fuego sacia su sed
con la sangre de los pobres
caminantes del desasosiego,
caballitos de madera jugando a lo imposible.
Les falta la miel que cobija a los afortunados.
No es solo ganas, es lo necesario.
Por eso pululan entre las sombras.
No les importa el peligro.
Y el fuego se aferra.
Y explotan.
Maite Glaría

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