Luceros, almas, soles cercanos.
Amigos buenos, flores de antaño,
se van muy lejos, los extrañamos
y andamos tristes tras de sus pasos.
Ay, los amigos se van trotando,
andando ríos y acantilados.
Nomás quisiera volver a verlos,
verlos jugando allá en mi patio,
en calles rotas, en los cumpleaños.
Guardar sus risas en mis armarios,
tener sus luces si me extravío
por estar sola sin sus abrazos.
Entonces llegan nuevos amigos,
son flores frescas en el camino,
cariños nuevos, almas brillando,
colman los días como regalos,
surten la fuente de mi regazo
Pero a los otros siempre los guardo.
© Maite Glaría

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