Detrás del abanico hay una mujer que arde,
una mujer fortuna y horizonte,
y traspasa sin miedo las fronteras.
Detrás del abanico una mujer se aferra
a la certeza de que su alma vale,
se sabe entera, sublime, poderosa,
con cien lustros de esplendor en sus caderas.
Detrás del abanico una mujer se lanza
en un vuelo, segura y vehemente,
por encima de prejuicios y atavismos
y levanta un sagrario entre sus hombros.
Detrás del abanico una mujer se inmola
y da a luz, soberana, a la alborada.
© Maite Glaría

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