al tibio gemido que él dejó de madrugada
en su casa.
Ruge afuera el mar,
y la corola de la flor que ya murió
deshoja sus pétalos marchitos
sobre la mesa de cristal
y ve su foto
tan alegre y distante,
tan vacía ahora de voz.
Abre sus brazos y no hay nada que abrazar
solo un destello en el lugar más oscuro
de su habitación,
y corre allí buscando lo perdido
pero no hay más,
solo el tibio gemido
que él dejó de madrugada
en su casa.
© Maite Glaría

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