Trémula, mi alma
en esta noche eterna
se muere de angustia,
de soledad,
de frío.
Tus manos eran mi abrigo
en las madrugadas plenas.
Hoy ya no tengo tu abrigo, ni tus manos
ni un testigo,
porque la luz se ha perdido
¿o la llevaste contigo?
Hoy la noche está muy negra,
tan negra es la noche que imploro
para no quedarme ciega.
No hay un nombre en esta noche tan negra
que pueda llamar a gritos y un eco me respondiera.
¿Y las estrellas?
pregunto,
¿adónde fueron todas ellas,
aquellas miles que andaban
besando a la luna llena?
Ayer se fueron contigo y con tu nueva quimera
porque le gustan los besos
y no mi triste soledad
ni el frío,
en esta negra noche eterna.
La Habana, septiembre de 2009

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