Padre querido,
debiste haber cumplido años hoy
y ya no estás…
Pero qué digo.
Estás en cada imagen que yo miro
porque miras con mis ojos la distancia.
Padre querido, hoy en tu día
Sentiré tu mano amiga y tu sonrisa
plena de calor y de confianza,
venciendo esta especie de tristeza,
que no termina nunca, que no acaba,
y que solo es tu recuerdo el que la calma.
Ciudad de México, enero de 2010

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