Evidentemente,
que no invidentemente, pero casi, necesito una pantalla súper grande, como para que vea bien todas las
letras, los puntos, las comas y demás requerimientos de la lengua porque,
carajo, acabo de enviar un artículo que revisé hasta el cansancio, o eso creía
yo, y heme aquí, en shock y pánico porque me salta una cínica coma delante de
una mayúscula!!!!!! ¿Y el punto, señores, el punto y seguido dónde se metió?
Que alguien me diga cómo me puedo
enfrentar hoy a mis alumnos cuando sé que habrán leído ya el fatídico
documento, ¡horror! Entonces, ya sé qué haré: entraré al aula con aires de
superioridad, intimidante, sustantiva, apabullante, engreída, fulminante,
impositiva y dictatorial para que no se atrevan ni a hablarme, y mucho
menos a cuestionarme, así, supongo yo, cortaré de cuajo sus ganas de bromear a
costa de la susodicha, malévola y rebelde coma que se instaló en el lugar de mi tímido y escurridizo punto. Espero
que esa posición mía no falle. ¿No es acaso la que adoptan los políticos y les
funciona?
martes, 16 de abril de 2013
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