Érase un verso gris, calculador, infame,
coyuntural y oportunista, soplo feroz,
veneno en mis pupilas.
Érase un verso azul, armónico y afable,
arpegio de esplendor, tímido goce.
Ambos velaban, en mítico ropaje, mi incierta decisión.
Finalmente, dejé los versos
y tomé un pincel…

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