jueves, 28 de noviembre de 2013

DULCE MARÍA




No hay nada más triste
mi madre querida,
que buscarte este día
o cualquiera de mis días
y ver que no te encuentro
ni en la sala ni en el patio
de aquella, tu casa antigua,
donde te sueño todavía.
Y donde quiera que yo vaya
quiero decir tu nombre
aunque duela demasiado 
todavía.
Querida madre, 
madre querida,
hermosa y sabia Dulce María.
Si supiera cantar te cantaría
pero te doy estos versos
sencillos y humildes
como lo fue tu vida.
Oh, si pudiera pedir un deseo,
siempre, siempre pediría
verte otra vez, mi madre,
y abrazarte de nuevo, madre mía.


© Maite Glaría



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