jueves, 21 de febrero de 2013

El Dueño

El Sueño, de Pablo Picasso
Estoy cansada, exhausta, distraída, agotada. No veo las letras que tengo delante en el ordenador. Son solo trazos enigmáticos, símbolos incomprensibles, pequeñas y diabólicas figurillas que danzan irónicas y se burlan de mí. Hago un esfuerzo colosal porque tengo que concluir el trabajo, lo esperan, lo necesitan, como siempre, para ayer. Pero me arden los ojos, me los froto, agonizando en un mar de controvertidos criterios. No quiero, no puedo, pero tengo que seguir, se me acaba el tiempo, tirano sutil. Necesito parar, unos minutos no más, pocos, para respirar como es debido. No siento los latidos de mi corazón, está tan extenuado como yo, y necesito respirar. Entonces, me obligo a hacerlo a conciencia, es decir, despacito inhalo, aguanto un poquito y exhalo más despacito aún, digo, eso creo, porque yo, lo cierto es que en vez de exhalar, resoplo. Y es en ese espacio de tiempo, en el que debería solamente pensar en respirar bien, en contar los segundos a cada paso, cuando repentina, inoportuna e inevitablemente llega. Se aparece, impertérrito; se acerca, roza mi cara, se aleja y regresa, risueño, creyéndose (o sabiéndose) el dueño, indeseable ahora, pero siempre imprescindible. Enorme en su estructura, más enorme en mi visión, crece más y me amilano, y me encojo y me consumo en una llama embriagadora, y me dejo arrastrar por esa oleada febril que me impone su mero deseo. Jadeante abro los ojos, y los cierro, y los vuelvo a abrir y ahí está, sigue aquí, sin importarle el tiempo ni el espacio, ni los otros ni el después; inmenso, aplastante, delirante. Y no puedo más y, sin que lo pueda evitar, me dejo llevar flotando hacia un lugar innombrable, impredecible, lleno de sombras y luces y cantos, apacible y a la vez convulso, pero siempre alucinante. Y allí, entre la gasa transparente de unas nubes que se creen vírgenes, aparecen unas líneas, minúsculas primero, que se agrandan y avanzan hacia mí. Quiero entender pero no puedo. Agonizo en un esfuerzo extraordinario por apresar aquel mensaje. Y de pronto, sin previo o sutil aviso, lo entiendo. Dice: te he vencido, soy más fuerte, soy el dueño, siempre puedo, más que tú, más que todos: soy EL SUEÑO.

MEMORIA EN DUELO

                 Espíritus del aire, pintura de Zaida del Río Me vacío de mí para llenar al otro, fantasía ilimitada de lo ajeno. ...